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Eruviel mando a matar en TLATLAYA, nuevas fotografías y documentos lo señalan

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Eruviel Avila ordeno limpiar de los “contras” una Bodega que se encontraba en el municipio de Tlatlaya en el Estado de México, pero con la ayuda de su policía estatal no podía, ellos no eran lo realmente fieles y sumisos a su gobierno, no se quedaban con la boca callada y no iban a querer limpiar sus escenitas.

No basto para que con una sola llamada a su gran amigo el ex gobernador del Estado de México y ahora presidente Enrique Peña Nieto, para que le enviaran toda la ayuda posible para acabar con los “contras”, pero por que les llaman así?,,, acaso le hacen competencia en negocio ilícitos al gobernador del PRI?,,, bueno mas pronto que tarde no tardo en llegar el Ejercito con un total de 55 miembros, 2 generales y 21 miembros de la Marina a su vez resguardados por elementos de la policía del Estado de México.

Ya reunidos el Ejercito y la Marina, solo esperaban la orden del Gobernador puesto que EPN ya les había mandado el encargo de recibir sus ordenes al pie de la letra, y fue cuando Eruviel dijo según los recientes comunicados dados a conocer “ya chingatelos en calientito” y mas pronto que tarde empezaron las detonaciones del Ejercito todos rodeando la Bodega y comenzando a disparar con ordenes de matar a quienes estuvieran a dentro, sea quien sea y aun estando desarmados.

Pero no todo salio al pie de la letra, puesto que no contaron que a tan solo unas detonaciones, con civiles muertos, todos los demás que que estaban adentro se rindieran, ya el Ejercito y la Marina no sabían que hacer, y tras varios minutos seguían pidiendo la orden al Gobernador, pues la orden del comandante supremo (EPN) dio la orden era recibir las ordenes del Gobernador, fue cuando según relata uno de los marinos, que hablo de los hechos, se escucho una voz hablando en tono lento y grave, era la voz del gobernador Eruviel que decía: “No dejes testigos y limpiame bien tu desmadrito” pues no contaba con que hubiera otra gente que no era de “los contras” en la escena.

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Foto tomada en el durante el momento de la Masacre

Ya pasada la Masacre, ya en México se daban a conocer imágenes de los hechos y ya se sabia que algo paso en el municipio de Tlatlaya, fue entonces cuando comenzaron las contradicciones entre la CNDH, la SEDENA y la PGR.

La CNDH emitió la recomendación 51/2014 para la SEDENA, la PGR y el Gobernador del Estado de México Eruviel Avila, por el caso Tlatlaya, en donde detallaba como sucedieron los hechos en el pasado 30 de Junio despues de haber reunido evidencias, documentos, comunicados y entrevistando a victimas, testigos, e incluso unos informantes anónimos dentro de la misma Marina que estuvieron en el lugar de los hechos.

Aun que se comprobó que la zona del crimen fue alterada, con la intención de simular que las muertes se habían dado en hechos de enfrentamiento, no fue posible establecer quienes dieron las ordenes, quienes toleraron las violaciones a los derechos humanos que fueron cometidas, según la CNDH.

El manual de uso de la fuerza del Ejército, señala la necesidad de que los soldados lleven cámaras de vídeo para grabar sus actuaciones en todo momento. Según la SEDENA, el batallón involucrado en el caso Tlatlaya no llevaba el equipo necesario, pues no se consideró que el patrullaje de ese día implicaría la necesidad de usar las armas. Y según si no llevaban cámaras de vídeo y armas salen mas preguntas, como salieron varias imágenes de lo ocurrido, y como asesinaron a balazos a los civiles dentro de la Bodega,,.

La madrugada del 30 de junio estuvo cubierta de dos tipos de disparos, dijo uno de los vecinos. “¡Pum, pum, pum!”, disparos pausados. “¡Tatatatata!”, disparos en ráfaga, contó el vecino, ese que vive a 130 metros de la bodega, a la CNDH. Gritos de clemencia.

“¡Ríndanse, Ejército mexicano!”

-“¡Nos vamos a rendir!”

-“¡Salgan!, ¡les vamos a perdonar la vida!”

Entre las 4:50 y 5:00 de la mañana, los militares entraron a la bodega. En la recomendación nunca se especifica cuántos había en el lugar. Ahí encontraron a las tres mujeres y a otras dos personas amarradas, presuntamente en calidad de presuntos secuestrados.

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Durante una hora aproximadamente, entre las 5:00 y 6:00 horas, se escucharon disparos aislados, según los testimonios de los vecinos. “¡Pum, pum, pum!”, disparos cortos, “armas accionadas por el Ejército en contra de las personas rendidas”, según uno de los vecinos. Los Soldados los detuvieron vivos, los Interrogaron y los Ejecutaron.

La CNDH dice que es en esta hora cuando ocurrió “la privación arbitraria de la vida de las personas que se encontraban al interior de la bodega”, con excepción de las tres mujeres sobrevivientes y los dos presuntos secuestrados.

Los testimonios de las mujeres coinciden en que los militares entraron a la bodega y encontraron a civiles rendidos y desarmados. Después, los sacaron uno por uno, los obligaron a hincarse, a decir su apodo, su edad, su ocupación, para después dispararles. Una de ellas dijo haber escuchado a un militar decir: “Los que estén vivos o heridos vuélvanles a disparar”.

Las tres mujeres y los dos presuntos secuestrados fueron llevados a uno de los cuartos frontales de la bodega. Fue en ese momento cuando pudieron ver los cuerpos en el suelo. Comenzaba a amanecer. Según los testimonios de las mujeres, personal militar llamó a los dos presuntos secuestrados con el pretexto de tomarles una fotografía, pero les disparó a sangre fría.

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Peritos de la CNDH elaboraron un mapa sobre cómo fueron encontrados los 22 cadáveres en la bodega, para “distinguir aquellos que tienen heridas muy probablemente producidas en un contexto de enfrentamiento, otros en fuego cruzado y otros privados de su vida ilegalmente”.

La recomendación de la CNDH precisa que 12 personas fueron ejecutadas, tres “no es posible establecer sus posiciones originales porque fueron movidos de su ubicación, lo que hace pensar que fueron ejecutados”.

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Eruviel trata de borrar la evidencia

En dias posteriores a la Masacre, se a visto a Eruviel siempre con un “representante” de las fuerzas armadas a quien dicen ser el que lo pone a tanto, pues a estado muy ocupado de que toda evidencia se borrada en este caso, incluso mandar a arrestar a sobrevivientes y militares para ocultar las pruebas, pues si esto se sabe, se acabaría con su carrera política.

El militar que hablo y mando documentación del caso, aun permanece preso, aun que no mato a nadie su delito fue hablar de mas, dar a conocer como es realmente Eruviel, como piensa y sus ligas con el crimen organizado, alguien que posiblemente no dude ir por la Presidencia, pero ay se demostró que llegando Peña Nieto a la grande, cualquiera puede llegar.

Y aun permanecen las preguntas, a que se refería con “con los contras”?, le hacían competencia? en algún negocio ilícito?

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La Comisión Nacional de Derechos Humanos reunió fotos de los peritajes realizados por la procuraduría mexiquense y las publicadas por la agencia MVT el 26 de septiembre de 2014, producto de una filtración en la cual se nombra el nombre de Eruviel Avila varias veces.

La mayoría de estas fotos no se habían puesto al escrutinio público, pero se pudo observar una versión pública en el expediente que transparentó la CNDH.

En una de las imágenes (que se muestra en esta nota) se aprecia a las tres sobrevivientes al ataque, sentadas contra una barda. Las mujeres son vigiladas por un soldado que lleva la cara cubierta.

Detrás,  hay una ventana en la que se puede ver a más soldados.

Una de las sobrevivientes dijo que esa foto fue tomada miembro de la procuraduría mexiquense, ya que tenia un logo del Estado de México, por que tenia que haber un miembro del Estado de México en la escena del crimen, que presenciara las ejecuciones y aparte no hiciera nada para evitarlo?

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El soldado que se aprecia del lado derecho sí participó en la balacera, el disparó contra los civiles luego de la rendición, según la mujer cuya identidad se reserva en todo momento.

Sobre otra de las fotografías,  la víctima relata que las ropas y otros objetos no estaban desordenados, pero quedaron en esa posición una vez que los soldados “esculcaron” las pertenencias de los muertos.

En otra imagen se aprecia el cadáver de la única mujer muerta en el tiroteo, abrazada al cuerpo de quien al parecer era su pareja sentimental.

Uno de los cuerpos tiene tierra en la cara. La sobreviviente afirma que originalmente cayó de boca al suelo, pero fue movido por los soldados.

975 metros por segundo. Esa es la velocidad alcanzada por una bala de fusil AR-15 como las descargadas contra Miguel Ángel Rodríguez Viviano, un muchacho de 17 años originario de Ajuchitán del Progreso, Guerrero. Fue el primero en ser ejecutado en Tlatlaya por un militar, quien luego sembró esa arma junto al cuerpo de otro para así cuadrar la escena en la masacre que usó como coartada un enfrentamiento.

Agentes del gobierno del Estado de México, dicen ahora las investigaciones, estaban allí. Ellos torturaron a otro testigo para que no hablara y ayudaron a encubrir el crimen. Pero Eruviel Ávila ordenó “guardar” durante más de una década el caso, lo mismos que la PGR y las Fuerzas Armadas.

La reconstrucción de los minutos de la matanza con base en el conjunto de declaraciones y peritajes –declarados como “confidenciales” por el Gobierno federal y del Estado de México–. En las 268 páginas del apretado texto pericial, se observa el horror de una madre al encontrar a su hija de 15 años agonizante, y luego muerta.

O se distingue a un muchacho de 17 años tratando de detener, con sus manos, la muerte lanzada como un relámpago por un militar mexicano a velocidad de 975 metros por segundo.

El expediente revela más: que hay otros involucrados en esta tragedia (que descarriló el gobierno de Enrique Peña Nieto como la de los 43 normalistas desaparecidos) y siguen libres.

Uno de esos que no han pagado es el coronel Castro. Eso dice la evidencia…

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¿Qué ocultan el ejército mexicano y el gobierno del Estado de México?

La acusación contra los únicos siete militares presos hasta hoy por la madrugada de Tlatlaya, esas horas en que el Ejército mexicano se abrogó el derecho de llevar al paredón a mexicanos indefensos.

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Los militares forman a los hombres que se han rendido al lado izquierdo de la bodega.

–¿No irá a rebotar? –duda uno.

–No, no hay problema –resuelve otro.

Uno de los soldados vuelve con el grupo de tres mujeres y dos hombres.

–Agachen la cara, no volteen.

¡Pum! El primer disparo se escucha como una barda cayendo contra el suelo dentro de la cabeza de quienes escuchan.

–¿No que muy cabrones? –reta un soldado a los desarmados.

¡Pum! ¡Pum!… Disparan al pecho y al abdomen.

El primero en pasar por las armas es Miguel Ángel Rodríguez Viviano, un chavalo de 17 años originario de Ajuchitán del Progreso, Guerrero. Los detalles personales se conocen porque su madre asentirá con la cabeza cuando le presenten el cuerpo del muchacho sobre una plancha y los ojos cerrados y el cuerpo remendado desde el pubis hasta el cuello. Y que es el primero se entiende porque así resultará del cruce de las declaraciones de las sobrevivientes con los estudios de criminalística de campo. Por eso será identificado como “cadáver uno”.

Miguel es moreno, delgado y alcanza los 1.58 metros de estatura. Lleva el pelo cortísimo y teñido de rojo. Su frente es chica, sus cejas pobladas, sus ojos cafés, la nariz es recta y es tan lampiño como un trozo de madera. Viste playera rosa estampada con la leyenda “Aeropostal Clasic”, pantalón de mezclilla gris, cinturón de tela con hebilla metálica y botines beige de agujeta. Uno de los soldados levanta el cañón de una AR-15 con la matrícula borrada. Le pega cinco tiros y todos lo atraviesan.

–¿No que muchos huevos, hijos de su puta madre? –ruge un militar.

Sigue Álvaro Palacios González –cadáver dos para los peritos o víctima dos para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH)–. Nació hace 20 años en San Miguel Totolapan, Guerrero. Lleva barba y bigotes y usa zapatos negros de vestir marca “Pachecos”. De su cuello cuelga una cadena con un dije color café con la imagen de la Santa Muerte. Muere de seis balazos.

Tomás Domínguez Flores, de 17 años y de Tlalchapa, Guerrero, muere de cinco impactos disparados con la misma AR-15 de matrícula borrada que se acomodará debajo del “cadáver 10” o Ricardo Mendiola Hilario, como su madre lo reconocería en la morgue junto a su otro hijo, Aniceto, muerto en la misma madrugada mexiquense.

Otra AR-15 sirve para acribillar a Jesús Jaime Adame o “cadáver 18”. Para ultimar a Jorge Andrés González Olarte o “cadáver 17” se utiliza el AK47 sembrada a Francisco Armenia González o “cadáver nueve”.

En la bodega de San Pedro Limón no quedará hombre o niña muertos sin arma “de alto poder” al lado.

–¿No que muy cabrones?

José López Santos, de Arcelia, Guerrero, apenas ha alcanzado la mayoría de edad. Luego de asesinarlo de cuatro balazos lo arrastrarán lejos de la pila que su cadáver, el cuatro para efectos técnicos, forma con los despojos de sus amigos. Será fotografiado junto a un cuerno de chivo.

–¡Aguanten la verga! –en los insultos de los asesinos existe un rastro de diálogo con sus víctimas. Si las súplicas de los muchachos no quedaron registradas, del miedo sí quedó constancia en los cuerpos: los balazos en las palmas de las manos y en los antebrazos serán explicados por expertos como las “maniobras defensivas” de unos muchachos pidiendo a la muerte que se detuviera.

Marcos Salgado Burgo, el “cadáver cinco” y 20 años de edad, ocupó una mayor descarga: ocho disparos. Luego del montaje militar, Marcos yacerá bocarriba con su lágrima tatuada sobre la mejilla derecha, la palabra “MOTA” en el brazo derecho y, en el izquierdo, la Santa Muerte a cuyos pies se hizo escribir con tinta eterna “Mi Protectora”.

El muro derecho, hacia el sur, de la bodega, Contra los ladrillos de ese lado pierden la vida de la misma manera Jorge Andrés González Olarte, “cadáver 17”; Jesús Jaimes Adame, “cadáver 18”, y Ricardo Sarabia Guzmán, “cadáver 19”.

La siguiente es letra de la Procuraduría General de la República:

“Se advierte de manera contundente, que los hoy inculpados Roberto Acevedo López, Fernando Quintero Millán y Leobardo Hernández Leónides, modificaron y alteraron el lugar de los hechos ,,, además utilizaron armas de fuego de los propios pasivos para privar de la vida a otros tantos, colocando las armas utilizadas posteriormente en cadáveres donde fueron “encontradas” por el Ministerio Público que realizó el levantamiento de los cuerpos, lo que implica la alteración de vestigios del hecho delictivo”.

En varios de los cuerpos se descubrirán raspones en las piernas, las nalgas, la espalda, los brazos, la cabeza: tallones en la piel por el arrastre de los cuerpos en calidad de bultos.

Los peritos de la Procuraduría General de la República determinarán:

“Válidamente se puede concluir que las personas que los militares colocaron cerca de la pared izquierda de la bodega de referencia, a quienes les dispararon momentos después, quedaron uno sobre de otro, posición que fue diferente a la que encontró el agente del ministerio público del fuero común que previno”.

Por eso adquiere relevancia lo antes resuelto por la dependencia a cargo del Gobernador Eruviel Ávila:

“Por las observaciones realizadas en el lugar de la investigación, se determina que este fue preservado en su estado original momentos previos a nuestra intervención criminalística, lo que se corrobora ya que a nuestro arribo al lugar se encontraba resguardado por elementos del Ejército mexicano”.

Casi el silencio. Los quejidos menguan como si se bajara el volumen al radio del que salen. Silencio: Cynthia, Patricia y Clara sólo escuchan su respiración y las pisadas de los ejecutores en dirección de ellas.

Respecto de Érika, señalada por estar abrazada a uno de los supuestos gatilleros, el estudio de los peritos describirá a su cadáver solitario y con un fusil a varios centímetros. Un detalle anotado en el dictamen de su autopsia, realizada al día siguiente de su muerte, da idea del calor a mediados de año en el sur del Estado de México, pero también de las condiciones de operación de la Procuraduría mexiquense:

“Presenta signos de muerte real y no reciente en periodo de putrefacción en su fase de fetidez (…)”. Otro aspecto, este presentado como una característica particular, muestra lo que para la defensoría del pueblo es mas importante, más que las alteraciones de la escena en que murió violentamente una adolescente de 15 años: “Presenta vello genital rasurado”.

Los militares toman por los brazos a las tres mujeres y a los dos hombres antes amarrados. El grupo camina. Cuidan los pies para no pisar muertos. Patricia observa tres o cuatro ejecutados contra la pared y, antes de entrar a un cuarto interior de la bodega, distingue otros dos hombres tirados en el suelo, también cerca del muro.

Dentro del cubo, sientan primero a Clara, a su lado a Cinthya, luego a Patricia y, a la derecha de ésta, a los dos varones jóvenes. Los soldados efectúan una investigación exprés con los sobrevivientes. Algo concluyen los militares que desamarran a quienes continúan atados.

Sobre este momento, dirá Clara ante la autoridad:

Como a las siete de la mañana –ya con luz del día, llega una persona alta, de bigote, con uniforme diferente al de los demás militares. Se acerca a los dos muchachos y les pregunta en qué trabajaban y su edad. Les dice que lo acompañen porque les tomarán una foto. Sale esta persona de uniforme distinto y los saca [a los jóvenes]. En eso, escucho disparos provenientes de atrás de la caseta. Después de los disparos, la persona uniformada entra otra vez, pero ya sin los dos muchachos”.

[Esta doble ejecución no será descrita en las acusaciones federales. Las autoridades ministeriales y judiciales, civiles y militares, presentarán cargos por homicidio contra un sargento y dos soldados, cuyos uniformes sólo se distinguen en que el primero lleva dos cintas a manera de insignias y los otros no, aunque este es un pormenor difícil entre civiles ajenos a la milicia, además que en los trajes de campaña las distinciones son camufladas].

–Esa pinche vieja no me convence –repite uno de ellos sobre Clara.

–¡Si no quieres cooperar, yo veo que te metan 10 años a la cárcel! –la amenaza el militar de vestimenta diferente.

–¡Me violaron! –solloza Cynthia.

–Vamos a buscar al que te violó –propone un soldado y ambos salen del lugar. A unos pasos, Cynthia reconoce, inertes, a los tipos interrogados segundos atrás.

Más balazos. Patricia imagina al joven rostro de Cynthia con los ojos abiertos sin que nadie se compadezca en cerrarlos y ayudarle a descansar en paz.

Pero no, Cynthia vuelve con una cuenta en mente: en medio del matadero humano, ha observado, además de los ejecutados afuera del cuarto, ocho muertos y, del lado izquierdo del lugar, otros cinco, estos encimados como borregos antes de partir con el tablajero.

El militar responsable de transmisiones contacta con la zona militar y más personal castrense llega al sitio. Hacia las 12.30 del día, cerca de ocho horas después de la masacre, se presentan  funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México y, de acuerdo con al menos uno de los testimonios, también de la delegación mexiquense de la Procuraduría General de la República.

Un gordito que dijo que era de la PGR de Toluca, nos sacó de la caseta a una por una y nos cruzábamos la calle, en frente de la bodega y nos interrogaba”, revelará Clara y dejará abierto otro dato: personal federal habría conocido, desde el inicio de la investigación o la simulación de ésta, la escena del crimen alterada por el Ejército mexicano.

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El Gobernador mexiquense Eruviel Ávila Villegas ordenó que el expediente sobre Tlatlaya permanezca como reservado.

El Ejército y el gobierno del Estado de México mantendrán, en los días posteriores a la masacre, la versión de que el total de 22 muertos, incluidos dos varones de 17 años de edad y una niña de 15 años, fallecieron durante el curso del choque. Otros 14 murieron antes de llegar a los 30años de edad.

Una persona cercana al caso comenta:

“Lo de Tlatlaya tuvo que ver con la dinámica del crimen organizado guerrerense y michoacano, estados colindantes con el Estado de México en la zona de Tierra Caliente. De esta manera, el gobierno de Eruviel Ávila hizo suyo, en su esmero por encubrir al Ejército, un problema que a su estado le es un tanto ajeno.

Desde el principio la orden fue “No dejes testigos y limpiame bien tu desmadrito” fue lo que escucharon una de la sobrevivientes a uno de los comandantes del batallón militar ahí presente.

“Con respecto del Ejército, vale la pena recordar las palabras del Procurador Murillo sobre el cercano caso Ayotzinapa cuando quiso desmarcar al Ejército y dijo que los soldados no se mandan solos. Si los militares se mantienen en obediencia, ¿quién ordenó a la patrulla militar asesinar a las personas que, entendiéndolas como miembros del cártel de La Familia Michoacana, ya estaban rendidas y a merced de ser presentadas ante el Ministerio Público federal? ¿Cuál fue el móvil de la masacre? ¿A qué otra parte del crimen organizado benefició el ejército mexicano en Tlatlaya?”.

Hasta el momento se ha consignado y dictado formal prisión a siete militares implicados en los por las probables responsabilidades penales de ejercicio indebido del servicio público, abuso de autoridad, homicidio calificado agravado, alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo y encubrimiento. El octavo uniformado, herido en la reyerta, está libre.

Hasta hoy se desconoce la existencia de otros procesos contra más elementos militares y de la marina, que acudieron luego del enfrentamiento y aseguramiento de la bodega y, que de acuerdo a testimonios asentado por la CNDH, habrían participado o al menos presenciado algunas de las ejecuciones extrajudiciales.

Tampoco existe conocimiento si se investiga o no a funcionarios de alto nivel del gobierno del mexiquense por su participación en probables actos de encubrimiento.

Por el contrario, los gobiernos federal y local resolvieron colocar en reserva la información relacionada con los hechos de Tlatlaya, ya considerados por organismos internacionales, incluida la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, como de lesa humanidad.

Esto es lo que en su defensa ha dicho el sargento segundo de Infantería Roberto Acevedo López:

“Todo de lo que me están acusando es totalmente falso. Yo repelí una agresión que nos hicieron los sicarios. Yo defendí mí vida (…) yo defendí la vida de las personas que manifestaron estar secuestradas (…) Estoy muy molesto por la acusación, porque ¿cómo es posible que se me esté acusando de homicidio calificado? pues esa gente estaba armada y traía armas del uso exclusivo del ejército y yo sufrí una agresión.

“Yo estoy muy molesto, porque nosotros cumpliendo con nuestro deber se nos acuse de eso, ¿qué hubiera pasado si a mí me hubieran herido y yo hubiera muerto? Nadie hubiera hecho nada por mí”.

Sumados a la masacres de TLATELOLCO, ACTEAL, AGUAS BLANCAS, entremuchas mas que exsten pero estas las mas conocidas, con Peña Nieto en pocos años de han sumado la de AYOTZINAPA y TLATLAYA.

No cabe duda que para Masacres usando al Ejercito, el PRI se pinta solo.

Nota

Este texto está elaborado en apego al exhorto 311/20141, deducido del diverso 1552/201411, derivado de la causa penal 81/2014, del índice del Juzgado Cuarto de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales en el Estado de México que incluye las siguientes actuaciones:

  • Informe de puesta a disposición del 30 de junio de 2014, signado por Ezequiel Rodríguez Martínez, Fernando Quintero Millán, Alan Fuentes Guadarrama, Roberto Acevedo López, Leobardo Hernández Leónides, Julio César Guerrero Cruz y Samuel Torres López, con el que informa al Agente del Ministerio Público adscrito al turno único de la Agencia del Ministerio Público de San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México.
  • Declaración ministerial de 1 y 4 de julio y de 1 de octubre de 2014 de Cinthya Estefany Nava López.
  • Declaración ministerial de 1 de octubre de 2014 de Patricia Campos Morales o Rosa Isela Martínez Catalán.
  • Declaración ministerial de 7 de octubre de 2014 de Clara Gómez González.
  • Declaración preparatoria de Alan Fuentes Guadarrama.
  • Declaración preparatoria de Julio César Guerrero Cruz.
  • Declaración preparatoria de Roberto Acevedo López.
  • Declaración preparatoria de Samuel Torres López.
  • Declaración preparatoria de Ezequiel Rodríguez Martínez.
  • Declaración preparatoria de Fernando Quintero Millán.
  • Declaración preparatoria de Leobardo Hernández Leónides.
  • Dictámenes médicos de los 22 cadáveres elaborados por médicos forenses de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México.
  • Dictamen en materia de criminalística de campo, emitido el 30 de junio de 2014, por peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México.
  • Dictamen que en materia de balística forense, emitido el 8 de octubre de 2014, por peritos en la Procuraduría General de la República.
  • Dictamen en materia de genética forense, emitido el 8 de octubre de 2014, por peritos de la Procuraduría General de la República.
  • Averiguación previa PGR/SEIDO/UEITA/174/2014.

Los hechos descritos se apoyan en los resultados de la investigación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que motivó la recomendación 51/2014, emitida el 21 de octubre de 2014, para la Secretaría de la Defensa Nacional; la Procuraduría General de la República, y el Gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila.

También ocupa datos del Informe preliminar de actividades del Grupo de Trabajo plural de la Cámara de Diputados para coadyuvar con las autoridades competentes en la investigación de los hechos ocurridos en el municipio de Tlatlaya, Estado de México,

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